Ya conoces la relación entre el sistema nervioso y una piel sensible. Un ejercicio de respiración que puedes practicar es estirarte boca arriba sobre una superficie estable y recia, a poder ser lo más cercano al suelo. Coloca una mano sobre tu pecho, a la altura de tu corazón, y otra sobre tu vientre. Puedes poner alguna música relajante estar en silencio. Cierra los ojos y comienza a inspirar por tu nariz, tratando de llevar el aire hacia tu vientre, sintiendo de qué manera este se hincha (respiración diafragmática). Una vez tu vientre se ha hinchado, termina de llenarte ampliando la capacidad cara tu pecho asimismo. Hazlo despacio, contando los segundos, aguanta durante dos segundos la respiración, y comienza a expirar por la boca de manera lenta durante exactamente los mismos segundos que tardaste en inspirar. Repite este proceso durante unos minutos.

En la práctica de mindfulness del dolor el sujeto se adiestra en prosperar las capacidades desarrolladas en la práctica de exploración anatómico en lo que se refiere a imparcialidad, apertura y no reactividad. Todo ello favorece la tolerancia al dolor y habitualmente la mejora física de éste.

Ser agradecido es una de las actitudes que mayor bienestar nos reportan. Te hacen sentir bien, valorar lo que te rodea y gozar de un nuevo día. Puedes hacerlo por la mañana al despertare justo al acostarte. Siéntete agradecido por haber tenido la oportunidad de disfrutar un nuevo día, de haber pasado tiempo con tus seres queridos de haber gozado de algunos buenos momentos.

Asimismo puedes comenzar a generar nuevas asociaciones a lo largo de la meditación, de forma que cuando entres a un estado de relajación con el que te sientas cómodo, puedas memorizarlo asociándole una forma, un color, de manera que las próximas veces que practiques el mindfulness visualices esa forma para zambullirte de nuevo en el estado de relajación que conseguiste.

Cuando estés preparada, dirige tu atención cara las sensaciones físicas del cuerpo, especialmente las táctiles la presión, allá donde el cuerpo entra en contacto con el suelo con la cama. Sigue concentrando tu atención en todos y cada parte de tu cuerpo: tus pies, el tobillo, las piernas, la ingle y la cadera. Siente de qué manera llenas los pulmones y también imagina que llevas esa respiración a cada parte del cuerpo.

Empieza apreciando los sonidos de tu cuerpo, los sonidos de la sala en la que estás, los sonidos del edificio y, finalmente, los sonidos del exterior. Deja que los sonidos penetren en vez de luchar por atraparlos. Escucha sin esmero. Sigue de esta forma durante unos diez minutos más.

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